La Callecita

Febrero 27, 2008

Relato amarianado

Archivado en: Ministerio del Ensayo y el Error, Timoteo — Timoteo @ 11:32 pm

Tras muchos años de relación se casaron porque les costaba imaginar la vida de otra manera, con despertares en los que el otro no estuviera, ellos que nunca habían estado muy predispuestos a firmar contratos, pero sobre todo porque esperaban un hijo y creían que así estaría más protegido y sí, también un poco por el qué dirán, todavía, la presión de la familia. Cuando nació Carlos habían decidido que ella dejaría su trabajo, al menos hasta que el niño tuviera edad para dejarle en una guardería, consideraban necesaria la presencia de los padres, o la madre, en los primeros meses, la lactancia materna mientras se pudiera. Él ganaba suficiente para vivir los tres y en cambio ella no había acabado de encontrarse a gusto nunca en ese gris trabajo de contabilidad, tan mecánico, tan desazonador.

Ahora ella se levanta tarde -todo lo que le permite el niño después de las molestas noches de duermevela en las que siempre se levanta ella, él dice que está cansado y se pone a roncar con una rapidez obscena-, cuando él lleva ya algunas horas en la oficina. Cuidar a un bebé es una tarea absorbente y fatigosa, pero al cabo de un par de semanas se empieza a acostumbrar, a entender y casi anticipar las necesidades de Carlitos, fíjate, se dice, tan pequeñito y frágil y dependiente y es ya una persona, mi hijo, salió de mí, qué cosa tan rara y hermosa y rara, y tiene nombre, Carlos, Carlitos, itos… Tiene mucho tiempo para reflexionar y también recupera la costumbre de leer, todos esos libros pendientes acumulados, y escuchar música, discos que ni recordaba que tenía y le emociona descubrir de nuevo cómo le conmueven y discos nuevos a un ritmo cercano al de su época de estudiante. Algunas mañanas sale a pasear con el cochecito por el parque, donde se encuentra con otras mujeres paseando niños, algo simples, de conversación superficial pero siempre alegre, es difícil no acabar sintiendo simpatía por ellas, tampoco ve a mucha más gente ahora, ya no salen los dos con los amigos. La comida y la cocina han vuelto a ser un placer al que dedicar horas, sin las prisas del mediodía entre el turno de mañana y el de tarde, y prepara con mimo la cena para los dos, innovando con recetas que ve en la tele, antes de los informativos, hacía mucho que no estaba tan al tanto de las últimas noticias y se ha vuelto una experta en política estadounidense. Incluso lleva días dándole vueltas a un relato, con lo que le gustaba a ella escribir hacía unos años, sólo un bosquejo y sin embargo vuelve a la misma idea un día tras otro, cada vez con una forma más clara; no es más que una fantasía que va tomando forma entre pañales, tetas, llantos, baños, compras y siempre esa tensión, esa preocupación; pero siente que un día puede agarrar la pluma como en aquellos tiempos y atacar una página en blanco. Se acuesta pronto, cansada y con un oído alerta, seguro que el niño no tardará en ponerse a llorar, y sin embargo satisfecha de dedicar los días por fin a cosas útiles, que le llenan, y sobre todo ese amor desmedido hacia el fruto de su vientre, la felicidad que va a desbordarla al verle sonreír.

Él, después de mal dormir durante la noche con los llantos del niño, los paseos de ella calmándole, una teta, otro pañal -y encima cuando por fin coge el sueño ella le da codazos porque dice que ronca-, se despierta a las siete, como siempre, para ir a trabajar. Tiene un trabajo que le gusta, con cierto equilibrio entre la técnica y la creatividad, y un jefe tan estúpido como tantos otros al que hasta ahora había mantenido a raya: era joven y podía permitirse comportarse como creyera conveniente aunque le costara el puesto, ya encontraría otro, alguna empresa que verdaderamente apreciara sus cualidades. No obstante, desde que regresó de su permiso de paternidad tiene otras dos personas a su cargo, que dependen de lo que él gane cada mes -algo tienen guardado, pero hay que pagar la hipoteca todos los meses, y los gastos del niño son mayores de lo que habían pensado y eso que aún ni va a al colegio, espérate unos añitos, a ver si le suben el sueldo porque así no hay manera de ahorrar, a saber qué pasa con las vacaciones este año, ya verás, otra vez con sus suegros-, se dio cuenta de esto cuando al terminar su jornada cogió la chaqueta como había hecho hasta entonces, había cumplido su horario, qué importaba que los demás siguieran en sus cubículos, y su jefe le miró con reproche meneando la cabeza, también como siempre, con efecto por primera vez. Cada día se queda un poco más, permanece en su sitio navegando por Internet hasta que empiezan a marcharse sus compañeros, dentro de poco será el último, espera que el jefe se dé cuenta y lo valore en el próximo ascenso, ya que parece incapaz de distinguir el trabajo bien hecho y no digamos el tenerlo a tiempo. Por no mencionar las horas extra. Llega a casa cansado, con ganas de ver a su mujer y a su hijo, pero con poco cuerpo para fiestas, cena y poco después se mete en la cama, donde se suele quedar dormido mientras intenta pasar del segundo capítulo de la última novela de Pérez-Reverte.

Pasan poco tiempo juntos, poco más de tres horas al día y los fines de semana, y cada vez disfrutan menos de la compañía mutua, gastan el tiempo haciéndose reproches, aun las cuestiones más insignificantes, todo parece convertirse en una batalla. No recuerdan cuándo fue la última vez que salieron al cine, a cenar, a tomarse unas copas mejor ni pensarlo, sus amigos sólo pasan de cuando en cuando a ver cómo le va a la parejita y hacerle monerías al pequeñajo y se van con los precipitados planes noctámbulos de toda la vida. Ella deja de esforzarse en preparar la cena, cualquier cosa vale, él se lo come igual, no quiere protestar también por eso, hasta que un viernes se va a tomar unas cañas a la salida del trabajo con sus compañeros y vuelve a casa a las tantas, algo bebido, y se encuentra la cena fría, servida sobre un plato, sin una nota siquiera, como una admonición; hace unos meses eso no habría pasado, piensa, ella me habría esperado despierta, eso lo entiendo que no lo haga, pero una nota, habría dejado una nota con una frase cariñosa y un guiño. ¿Cuándo fue la última vez que la vi reír?

Una noche ella le dice que no reconoce en él al hombre del que se enamoró, que se ha vuelto un cascarrabias, un tipo gris sin ninguna alegría, ya no le hace reír, y además se está quedando calvo: quiere el divorcio. Él lo entiende, también echa de menos a aquel joven lleno de energías y proyectos y confianza, bromista, despectivo con los que vivían para trabajar, y ya no tiene fuerzas para luchar, así que se va de casa, no puede soportar seguir cerca de su mujer mientras ella se le aleja.

El acuerdo le quita más, mucho más de la mitad de su sueldo y le impone un régimen de visitas que haría llorar a un preso, tan fuera lo quiere ella de su vida y tan poco quiere él pelear. Con lo poco que gana y la poca dignidad que le queda busca un lugar donde dormir y alguien que le devuelva las ganas de vivir.

Febrero 2, 2008

Perdidos con Lost

Archivado en: Ministerio del Sofá, Nihilia, Segundo de Chomon, Timoteo — Timoteo @ 6:33 am

Timoteo: “Esto no va a ninguna parte”

Decepcionante comienzo de la cuarta temporada. Mira que en la tercera habían conseguido, al final, interesarnos una vez más, pero es que esto no va a ninguna parte. Tres cuartos de hora para contarnos una vez más que Hugo está como una cabra, que de todos los que hay en la isla – la docena de protagonistas y la cohorte de secundarios- volverán seis a la civilización y que el grupo, oh novedad, se separa en dos partes. Pues vale. La muerte de Charlie sigue siendo completamente incomprensible -¿por qué rayos cierra la puerta por dentro y se sacrifica en vez de cerrar la puerta desde fuera y vivir?-, por mucho que les duela a Claire y a Hurley.

Viendo cómo se plantea la cuarta temporada, esto va a ser más largo que un día sin pan. Los guionistas han acotado la duración prometiendo acabar en tres años. Bien por ellos. Sin embargo, ese final lo veo demasiado lejano, ya podrían hacer de ésta una temporada final trepidante en vez del chicle que está amenazando en convertirse.

Desde aquí, aprovecho para sugerir un final, viendo que el de los guionistas va a ser una chusta, puesto que siguen empeñados en contarnos un montón de cosas que no nos interesan y que, en principio, no añaden nada a la trama, a menos que se empeñen en que al final -como si eso fuera una justificación- signifiquen algo. A lo que iba: resulta que todo lo que nos narran en la serie no es más que una alucinaciónde Hugo, encerrado en una celda acolchada y con una camisa de fuerza, gritando una y otra vez que debe volver a “la isla” ante el gesto descorazonado de los médicos, que saben que el gordo no ha salido del psiquiátrico desde su más tierna infancia. El siguiente paso es J. J. Abrams en una celda acolchada con su correspondiente camisa de fuerza imaginando a Hugo imaginando que se estrella en una extraña isla junto a un grupo extraordinario. A continuación un fundido a negro tras el que aparece Nelson señalando al espectador y proclama: ¡ja, ja!

Segundo de Chomon: “Hugo no es el único sonado”

No puedo añadir más a la valoración del capítulo que ha desarollado Timoteo. Fue un capítulo típicamente comodín para alargar la trama y no decir nada. (Creo que la única serie que no ha utilizado este recurso es Los Soprano.) Me resultaron absolutamente edulcoradas las escenas presuntamente dramáticas donde Hugo le comunica a la rubia la muerte de Charlie, abusando de la típica melodía melodramática que sacan a relucir los realizadores cuando nos quieren arrastrar una lagrimita. Digo la rubia porque es un personaje, que al igual que el 80% de los supervivientes salvo Jack, Desmond, Locke, Kate, Sayid y Hugo, me la suda lo que les ocurra. Sólo difiero en un punto. En realidad sí creo que tengan cosas que decir los guionistas pero se trata de una serie con una estructura muy definida, donde la información no se puede reflejar progresivamente, capítulo a capítulo, sino que juegan con el factor sorpresa-orgasmo típico de sus finales.

Ahí va mi teoría. Un instituto psiquiátrico de Palo Alto ha diseñado un experimento a modo de tratamiento de shock para personas con tendencias depresivas y desajustes psíquicos, que consiste en poner a esos individuos enfermos en situaciones extremas para que intenten luchar por su propia vida y se sientan mejor consigo mismos al darse cuenta que pueden sobrevivir solos, encontrando a gente con sus mismas deficiencias. Para que se crean todo el circo colectivo de la isla donde estan atrapados se les administra cuidadosamente drogas insertas en las frutas y los jabalíes. Ben, por supuesto, es el jefe del psiquiátrico, y “los otros” el personal sanitario. En función de cómo reaccionen, el proyecto se convertirá en una especie de psiquiátrico activo para ricos que se puedan pagar este tipo de parque de atracciones mental.

Nihilia: “Chicles y osos blancos”

Lo malo del chicle es que siempre acaba perdiendo el sabor. Al final te encuentras mareando un pedazo de goma, con el único incentivo de poder inflar grandes globos que, a la que te descuidas, te explotan en la cara. Esa era la sensación que tenía durante la mitad de la tercera temporada y, a tenor de esta apertura, temo que la cuarta no vaya a ser muy diferente.

Mi principal crítica a este capítulo es la misma que la de Timoteo y Segundo de Chomón: en tres cuartos de hora no ha pasado absolutamente nada. A un ritmo vertiginoso, eso sí. Estamos justo en el mismo lugar donde nos quedamos, con la trama principal desaparecida y los guionistas jugando al escondite. Sin embargo, es cierto que he disfrutado como un enano con tramas que poco o nada tenían que ver con el misterio de la isla. Los guionistas han conseguido emocionarme en muchas, muchas ocasiones y, de hecho, lo han conseguido en algún momento con todos y cada uno de los personajes. Gracias, sois muy grandes.

El problema es que, después de tres temporadas y, pongamos, unos setenta y cinco capítulos, episodio arriba, episodio abajo, les tengo a todos más vistos que el T.B.O., ya me cabreo si me intentan colar personajes nuevos y me la pela que la choza de Jacob se pegue unas carreras: quiero que la trama sobre qué es la isla avance.

Lo peor de todo el asunto es que, ya veremos lo que dice la audiencia, pero de momento se supone que la serie tiene que dar para tres temporadas más. Casi nada, justo el doble de lo que llevamos. Mi versión de cuando Abrams se lo contó a su señora:

-Hola JJ.
-Hola cariño. Muá.
-¿Se lo has dicho?
-Claro que se lo he dicho.
-¿Has hablado con la cadena?
-Por supuesto, a mí me van a venir con exigencias.
-¡Mi héroe! Cuenta, cuenta.
- Les he dicho que las cosas duran lo que duran, y no hay más.
-¡Claro!
- Hombre, que ya está bien, que la serie es mía, no suya.
-¡A ver!
-Que mi integridad artística no está en venta, joder
-¿Quiénes se han creído?
-Que esta es mi visión.
-¡Eso es!
-Que esta… es… es… ¡Mi obra maestra!
-¡Viva!
-¡Yo seré recordado por esto!
-¡Bravo!
-¡Es mi legado al mundo!
-¡Hazme tuya JJ! Entonces, ¿cuándo se acaba la serie?
-¡Dentro de tres temporadas!
-De… tres… temporadas.
-Ni una más.
-¿Con sus veintipico capítulos?
-Mas especiales.
-¿Os veis capaces de contarlo todo en 70 horas?
-¿Te han llegado rumores de la película?

En fin, que recibo malas vibraciones de la isla. Mi predicción sobre el final de Lost:

Jack: ¡Coño! ¡Así que hablas, Oso Blanco!
Oso Blanco: Llámame Paul. Y tengo tres carreras.
Jack: Bastante impresionante. ¿Y sabes de qué va todo esto?
Paul: Sí.
Jack: ¿Me lo cuentas?
Paul: Vale. Total, pienso comerte después.
Jack: No me importa, me he quedado sin amigos, me los he cargado a todos.
Paul: Cada temporada más colgado. Venga, ahí va. El secreto de la isla es…
Jack:¿Si?
Paul: …es…
Jack: ¿¿¿Si????
Paul: Magia.

Enero 15, 2008

Democracia Nacional, esos cachondos

Archivado en: Ministerio del Escarnio Público, Timoteo — Timoteo @ 8:02 pm

Supongo que ya se habrán enterado de la manifestación prohibida en Madrid. Un grupo de derecha extrema, de esos a los que el PP les parece un peligroso grupo anarquista, pretendía convocar una protesta contra el aumento de la delincuencia en esta nuestra comunidad causada, según su fino análisis, por la inmigración a la región. La convocatoria presenta una situación apocalíptica que “comienza a ser invivible”, “porque no sólo las calles son inseguras, ya ni en el interior de nuestros hogares estamos seguros”. Pero el gran problema no es el aumento de la delincuencia, es que en eso también nos comen el terreno los extranjeros:

Porque cada vez en más barrios la única ley que rige es la ley de los delincuentes, la gran mayoría para colmo, venidos de fuera.

Porque para delinquir ya nos bastamos los nacidos aquí, que además conservamos una cierta tradición. ¿Qué es eso de que te entren en el chalé una banda de rumanos a los que apenas se les entiende? ¿Dónde queda el trato humano con el cliente? ¿Cómo vas a distinguir a un negro que te quiere atracar en un callejón oscuro? Nada que ver con el navajazo a cargo de un quinqui que habla una jerga incomprensible, sí, pero español.

Más adelante tienen un apunte de sensatez

Porque si no teníamos bastante con las bandas callejeras locales ahora tenemos que aguantar a los Latin Kings, Ñetas, Trinitarios y a toda esa escoria venida de lejanas tierras.

que, por supuesto, fue convenientemente aprovechado por los medios para descalificar a DN sacando de contexto la parte “escoria venida de lejanas tierras” y adornándola con un “barrer” que no he encontrado en todo el texto. Claro, esas bandas son la crema de la intelectualidad, se merecen un respeto. Sin embargo, tranquilos, que lo contrarrestan rápidamente con un párrafo delirante, seguramente escrito bajo la acción de algún estupefaciente:

Porque nos dijeron que eran necesarios debido a la baja natalidad pero sus clínicas de muerte y trituradoras de carne humana no han dejado de segar la vida de nuestros compatriotas.

Se me escapa qué se esconde tras metáforas tan bellas, “clínicas de muerte” y “trituradoras de carne humana”, probablemente dignas de Palahniuk. Eso por no mencionar el preciosista cartel con el que ilustran el comunicado y alegran algunos puntos escogidos de la ciudad, que incluye, entre un hispano con una pistola, un gitano con una faca, un cabeza rapada yonqui y un negro (así, sin estar cometiendo en apariencia más delito que existir), a un camello. O para ser más exactos, un tipo con cabeza de camello. Impagable.

Hasta aquí todo “normal”. El asunto no me habría llamado la atención de no haber respondido a la prohibición por parte de la Delegación del Gobierno con otro comunicado en el que se quitan el velo y muestran que no son más que una panda de cachondos, unos bromistas con cierto gusto por la excentricidad. Tras mucho marear la perdiz con que si derecho manifestarse, que no son violentos y demás blablablá, al final dan rienda suelta a su sentido del humor:

Con sorpresa también respondemos a la polémica creada por nuestro comunicado a la prensa, lamentando haber llamado “escoria” a las bandas de Latin kings, Ñetas, Maras, Salvatruchas, Trinitarios…etc. que operan en nuestro país, a partir de ahora y en futuras convocatorias a fin de conseguir el visto bueno y la tutela de los medios de izquierdas y del gobierno que dirigen este país nos dirigiremos a estos individuos con más respeto a fin de no ofenderles…quizás la fórmula de “señores delincuentes” “sus señorías traficantes” “ Su usía violador pandillero” resulte más políticamente correcta y a gusto de todos.

Y por último ya que la prensa analiza minuciosamente nuestro cartel debería haberse dado cuenta que en el diseño, entre los delincuentes, los hay de todas las razas y aspectos por lo que no puede catalogarse de racista de ninguna manera. Simplemente hemos querido representar de la forma menos dramática posible un antes y un después de nuestra capital.

Fabuloso. Atraído por las luces cual insecto he empezado a vagar por la web de sus fachas mercedes y sus racistas excelencias para corroborar mi teoría: no son un partido facha, sino una caricatura de ídem. Por todo el sitio hay pruebas -apuesto a que los foros son de traca-, siendo mi favorita las encuestas de la barra derecha. Todas imaginativas y con unas opciones súper ingeniosas; pero mi favorita es ésa en la que preguntan por el autor del 11-M y un 44.52% responde que “La CIA y el Mossad israelí”.

Unos excéntricos y unos cachondos.

Enero 8, 2008

Mermelada de frambuesa y osos panda, diálogo platónico

Archivado en: Ministerio de la Discordia, Nihilia, Timoteo — Timoteo @ 8:20 pm

- Oh maestro, he visto que en todas las listas de los mejores discos del año aparecen en altas posiciones unas creaciones llamadas bien Strawberry Jam, bien Person Pitch, incluso ambas, perpetradas por Animal Collective y Panda Bear, respectivamente. Que al final resultan ser más o menos los mismos responsables bajo distintos nombres. Pero el caso es que me he bajado comprado ansioso estos discos y tengo la sensación de que me han estafado. Puesto que las listas no se publicaron el 28 de diciembre, me cuesta explicar estos hechos. ¿Podría usted, oh maestro, iluminar con su sabiduría a este pobre y estulto siervo?

- Mi amado discípulo, ¿es que no hay forma de que un viejo y ajado maestro pervierta a las vestales media hora sin que lo abrumen con dudas existenciales? Supongo que los dioses piensan que los óleos corporales siempre pueden esperar… Toma mi ejemplo y concluye, querido aprendiz, que duro camino es el de la sabiduría, uno nunca sabe si le gustará transitarlo o no, tan sólo lo emprende para acercarse más a la verdad…

- Disculpe mi intromisión, admirado maestro, pero no veía claro el término de esta bacanal. Ya he comprobado en mis propias carnes lo dura que puede ser la sabiduría. Con dos sabios distintos. ¡Que le zurzan a la música! ¿Ha dicho vestales?

- ¡Por Apolo! ¡Guárdate eso, discípulo impetuoso, que me espantas las felatrices! Devuelve tus humores a zonas más dadas al logos y continuemos. Efectivamente, la primera vez que los escuché me pareció que un puñado de jóvenes desbocados habían llevado demasiado lejos el “in vino veritas” pero, ¿estafado? Cuéntame, hijo, por qué.

- No me salga con latinajos, que estamos, oh alto sabio, ya en el siglo XXI. ¿Cómo explicarlo? Diré que resulta difícil calificar eso como música. No cualquier cosa que suena en un, oh tú el iluminado, reproductor de CD’s es necesariamente música, como no es una oh novela cualquier taco de hojas encuadernadas.

- Incisivas palabras, veo que este cuatrimestre has has usado más el cincel y las losas de retórica que el anterior. Cierto es, mi aprendiz, que el devenir en las formas de las tonadas populares puede alumbrar engendros tales que Atenas entera se mese las barbas. No obstante, de cada ser debe observarse la esencia tras su apariencia, y ver si este simplemente busca la armonía con el presente o hay algo más allá, puesto que una forma novedosa sin contenido sería como si esta vasija ornamentada no contuviera una sabrosa libación… ¿Gustas, salao?

- Gracias, majo. ¿Quiere decir que, oh beodo entre los beodos, en realidad es la misma mierda de siempre pero con extraños sonidos propios del Hades en lugar de armoniosas liras? Está entonces, oh, de acuerdo con esa caterva de paganos que se atreven a compararlos con los mismísimos Beach Boys, que surfean con las nereidas bajo la protección de Apolo por los siglos de los siglos, hip, amén.

- Queridos discípulos, creo que hay que estar mucho más borracho que yo para decir tal cosa.

- ¿Más? Yo creí que estaba impartiendo, oh amadísimo maestro, una lección práctica sobre la cantidad de hidromiel que aún permite la erección y el habla, aunque no de forma simultánea. Mas no nos perdamos en los recovecos espirituosos del diálogo. Estuve pensando durante su incomprensible perorata sobre las formas de tres guiones más arriba que a lo mejor el problema es creer que cualquier cosa encuadernada debe ser una novela, cuando en realidad bien puede ser un poemario o un libro de recetas. Tal vez estos discos sean de un género distinto al acostumbrado. Tal vez sean, no novelas, sino ensayos sobre los límites de la música. Así, no habría que buscar personajes ni argumento, sólo la exposición de razonamientos, oh… qué resaca voya tener mañana, maldito Baco, juro que es la última vez.

- Sospecho que lo que hace grande una obra no son sus planteamientos, sino sus resultados, por mucho que estos estén en la base… pero respeta el desgastado hígado de tu maestro, mi cada vez más apuesto aprendiz, y únete al sarao de una vez. Deja tu toga, tiéndete en el diván y deja que mis sacerdotisas te deleiten, porque al final todo se reduce a esto, hijo mío, todo se reduce a esto…

Enero 2, 2008

Juventud, indolente juventud

Archivado en: Nihilia, Timoteo — Timoteo @ 10:28 pm
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Diciembre 24, 2007

Carrefour les desea feliz Navidad

Archivado en: Ministerio del Escarnio Público, Timoteo — Timoteo @ 11:53 pm

Desde el advenimiento de la Democracia los vecinos de Hortaleza vienen realizando su propia Cabalgata de Reyes. Se reúnen distintas asociaciones, deciden el tema de cada carroza, la diseñan, presentan un presupuesto a la Junta de Distrito, reciben el dinero y ponen en marcha el plan. Por fin, la noche del cinco de enero se disfrazan y recorren todo el distrito repartiendo caramelos e ilusión. No es la cabalgata más espectacular, pero es una actividad bonita en la que se implican gentes de todo el barrio, de forma altruista, para disfrute de los más pequeños. Este año no.

La nueva concejal de Hortaleza, Elena Sánchez Gallar, hasta las elecciones de mayo responsable de Ciudad Lineal, ha decidido como su primera acción en el cargo privatizar el evento en base a dos argumentos: la seguridad y la excelencia. El primero es absurdo y apenas se mantiene en pie, pues en veinte años nadie recuerda incidente alguno digno de mencionarse ni durante la cabalgata ni durante su preparación; y en todo caso siempre se puede buscar alguna fórmula para mejorar la seguridad dentro del sistema tradicional. El segundo resulta un insulto a la gente que ha trabajado en las carrozas a lo largo de todo este tiempo, diciéndoles que sus creaciones son una basura, por más que confesó no haber acudido nunca a la celebración. Os merecéis algo mejor, os guste o no (hacia el minuto 8:30).

La organización se ha abierto a concurso público. Curiosamente, sólo se ha presentado una empresa, Yeiyeba SL, que se ha llevado el encargo y 70.000 euros. Más de lo que han dado jamás como subvenciones a los vecinos, claro, así ya podrán montarse una cabalgata mejor. Sin embargo, no es sólo dinero que va a mayor lucro de dicha empresa, es también dinero que deja de circular por el barrio. Hasta ahora las asociaciones construían sus carrozas comprando listones al carpintero de la esquina, papeles a la papelería de enfrente, pinturas en aquel taller… todos estos pequeños comercios dejan de benerficiarse con la actividad.

Por supuesto, más allá del interés económico, está la implicación de la gente que se reúne y trabaja para un proyecto común, estrechando lazos entre vecinos. Cientos de personas que colaboraban a lo largo de un mes y conseguían sacar adelante un tinglado de estas proporciones. Es preferible que el tipo de ahí al lado siga siendo un extraño. Y los niños, ¿es que nadie va a pensar en los niños? A todos esos chavales que elegían el tema de la carroza, que se pasaban diciembre haciendo manualidades, que se construían un disfraz, ¿qué les queda? Todavía les dejan subirse a las carrozas (patrocinadas) a lanzar caramelos, pero la ilusión no es la misma.

Para rematar, el tradicional recorrido por todos los barrios del ditrito es sustituido por el “del distrito en expansión, adonde llega el metro y el autobús”, según la concejal. Es decir, en torno a la zona bonita, la del centro comercial en el acabará (esta vez, por cierto, sin los fuegos artificiales de toda la vida), y obviando esos guetos de la UVA, Santa María, San Lorenzo. No nos vayan a estropear la foto.

Todo esto ha llevado a que las asociaciones que hasta ahora se encargaban de la cabalgata se movilicen en contra de esta privatización. Enviaron una carta a la ínclita y ya se han hecho eco del asunto varios medios de comunicación. Ahora andan recogiendo firmas para presentar ante la Junta de Distrito, aunque sin muchas esperanzas en poder cambiar algo. El debate interno se divide entre los que quieren seguir participando en lo poco que todavía les dejan y los que se niegan rotundamente a entrar en el juego y proponen acciones de boicot. Yo, desde luego, me alinearía con esta senda kamikaze: haría propaganda en el barrio para disuadir a los vecinos de acercarse al desfile; aseguraría a la organización que acudiríamos a subirnos en las carrozas y luego les dejaría plantados o sacaría pancartas de protesta desde las alturas o lanzaría pasquines junto a los caramelos; o me plantaría en medio del recorrido para hacer visible la protesta. Tratar, en fin, de conservar algo de dignidad.

Leyendo el título alguien podría haber pensado que iba a empezar a despotricar contra estas felices fiestas por el cariz consumista que han ido adquiriendo. Nada más lejos de mi intención. Como dice el imprescindible Rafael Reig, lo bueno de estas fechas no es aproximarnos a Dios, sino que “está en las comilonas y las borracherías bien acompañado” y en el recuerdo de las alegrías infantiles, añado. Vacaciones, gente nueva en casa, dulces, regalos, películas de dibujos, banquetes pantagruélicos y algún sorbito de champán. Pero, más allá de todas las cosas materiales, se percibía también un ambiente más relajado, alegre, cercano. Los problemas de todo el año quedaban en un segundo plano en pos de la concordia familiar, de una atmósfera de inocencia para los niños.

Eso es lo que han arrebatado a los vecinos de Hortaleza, la posibilidad de unirse al psicópata del piso de arriba que arrastra muebles los domingos por la mañana y a la desalmada que fríe sardinas en el balcón cuando terminas de tender la ropa y al cerdo que deja la basura chorreante en mitad del descansillo y al desgraciado que no centra su coche en la plaza de aparcamiento obligándote a hacer el doble de las maniobras necesarias. Unirse todos, olvidando los roces del día a día, para sacar adelante un proyecto cargado de ilusión que haga felices a los más pequeños y, aunque sea un espejismo de apenas unos días, también a los mayores.

Diciembre 14, 2007

Iniciación a la lectura

Archivado en: Ministerio de lo Interior, Timoteo — Timoteo @ 4:21 pm

Hace unos años, cuando ya tenía un libro entre mis manos –un antiguo libro de tapas duras- cuando ya había llegado al nudo, a la parte interesante, tuve que dejarlo temporalmente para centrar mi atención en un encargo del colegio, una novela moderna que nos había mandado leer la profesora de lengua.

En el momento en que volví al primero, al libro antiguo de tapas duras encuadernado en cuero, éste me reprendió con acritud:

- Mira, ya me parece mal que te pases el día mirando con deseo cada clásico que se te cruza, que ojees los libros de otros, y soporto que coquetees continuamente con periódicos y revistas, pero que en mitad de nuestra relación te vayas con otra novela es algo inadmisible.

- No es lo que parece. No es lo que estás pensando.

- Claro, y yo soy tonta. ¡Que no fui impresa ayer!

– Es evidente que he estado con otro libro, pero entiéndelo, yo no quería, me obligaron. Yo estoy mucho más a gusto contigo que estás hecha al hombre, a sus gustos y a sus manías. La otra novela, en cambio, acababa de salir de la librería…

- Así que –cortó el libro antiguo de tapas duras encuadernado en cuero con el título en letras doradas- encima te vas con una más joven que yo.

- No. Bueno, sí. No exactamente. ¿Qué importa la época? Aunque si te consuela, tú eres mejor, disfruto mucho más con tu lectura.

- No, no me consuela. Y no soporto que me hayas sido infiel. Creo que lo mejor será dejarlo por un tiempo.

Era una novela de carácter, desde luego. Sin embargo, yo no estaba dispuesto a prorrogar nuestra relación por más tiempo, así que aquella misma tarde terminé con ella.

Durante la semana siguiente estuve demasiado atareado con los estudios como para leer. Al final cayó en mis manos un libro que había leído no hacía tanto, algo pedante, pero que me había gustado mucho:

- Últimamente te veo un tanto alicaído. Si quieres te puedo presentar una novela, vieja amiga mía, compañera de estante en la librería. Es muy simpática e hilarante. Creo que te subirá el ánimo.

Al día siguiente me encontraba con una edición reciente de una disparatada comedia de Mendoza. El libro estaba a estrenar, inmaculado y, claro, como todos los libros nuevos, se encontraba demasiado rígido y le costaba mantenerse abierto por la página. Es más fácil manejar libros que ya se han leído unas cuantas veces. La ventaja de los libros de biblioteca: están algo manoseados y precisamente eso facilita las cosas. Por no mencionar lo maravilloso de poder elegir entre un extenso catálogo sin compromisos, no como cuando compras un libro y te sientes obligado a leerlo entero aunque no te esté gustando.

- Tengo que confesarte que es mi primera vez- dijo una vocecita aguda.

- ¿Qué?- pregunté algo desconcertado.

- Que nunca antes había sido leída. Siquiera hojeada, como casi todas mis compañeras.

- Oh, no te preocupes, no es la primera vez que estoy en una situación parecida. Intenta relajarte, que todo irá bien.

- No sé si estaré a la altura.

- Por ahora vas muy bien: tienes un planteamiento original, algo surrealista, y me estoy divirtiendo mucho. Pero intenta dejar de temblar, que me cuesta leer así.

No deja de tener cierto punto saber que nadie ha tocado ese libro antes.

En ocasiones recaigo en novelas que ya he leído. Un encuentro casual, salta el recuerdo de los buenos tiempos compartidos, y me empiezo a preguntar si será como aquella vez, si sentiré lo mismo que hace cinco años, si realmente sería una experiencia tan maravillosa o ahora, más curtido, con más mundo, más vivencias, se convertiría en una lectura del montón. Alguna vez ha pasado. Con otras, en cambio, la comprobación ha supuesto una mejora: los detalles buenos que recordaba seguían allí y además descubrí algunos nuevos, incluso mejores, por los que anteriormente había pasado sin fijarme o sin ser capaz de verlos.

En cualquier caso, no sé cómo lo hago, pero no me duran nada los libros. Aunque puedo pasar algunos días sin literatura, en seguida me gana el mono y acabo leyendo lo primero que encuentro en la estantería. Un par de tardes, alguna noche si la cosa se pone muy interesante, y adiós. Durante el curso todavía aguanto algunas semanas, incluso meses, con el mismo; supongo que porque apenas nos vemos. Pero es que durante las vacaciones, en especial en el verano, se convierte en un desfile de títulos, sin apenas descompresión entre uno y otro. Todo el día en la playa tirados, sin más compañía que el sol y el murmullo del mar, sin más pertrechos que una toalla y un bote de protector solar, ensayando nuevas posturas con las que evitar que se duerman las extremidades, tan solo interrumpido por algún chapuzón cuando me acaloro demasiado. En esas condiciones extremas puedo llegar a leer cuatro o cinco novelas a la semana.

Ahora mismo, sin embargo, sin saber muy bien cómo ni por qué, me hayo en un laberinto de lecturas cruzadas del que no sé si seré capaz de salir con buen pie: a principios de curso comencé Octubre, octubre, tras cuatro capítulos empecé El jarama, pero ese mismo día fui a la Fnac y me compré A Long Way Down y The Picture of Dorian Gray. El primero sucumbió de inmediato, el segundo fue abandonado con sólo unas pocas páginas leídas al reencontrarme con High Fidelity en la estantería de un amigo. Para rematar la faena, por mi santo me regalaron Un día de cólera, con el que estuve dos noches, y Tu rostro mañana 3. Verano y sombra y adiós, que no he llegado a abrir, pues la semana pasada tuve un flechazo con una edición de bolsillo de In the Country of Last Things. Cuando acabe con Paul Auster, ¿cuál debería retomar?

Diciembre 1, 2007

Wilco, Duques de Zorratrot

Archivado en: Ministerio de la Aristocracia, Timoteo — Timoteo @ 1:31 pm

Qué: Wilco
Cómo: en concierto
Dónde: La Riviera, Madrid
Cuándo: Viernes 9 de noviembre de 2007, al caer la noche
Porqué: porque es de lo mejor que se puede ver en directo

Así que Nihilia y un servidor nos presentamos poco después de las ocho en el Paseo de la Virgen del Puerto dispuestos al orgasmo múltiple, hicimos una (equivocada) estimación de cola y decidimos ir por un par de litronas para engrasar la espera. Por desgracia, la gente entraba a un ritmo inexplicablemente alto, algo nunca visto en un concierto en este país, y hubo que dejar buena parte del avituallamiento fuera. Maldita eficiencia.

Una vez en el interior, tras dejar el abrigo en el ropero como la ocasión se merecía, corrimos a tomar posiciones por el atajo del baño (y el inquietante puesto de chucherías que hay junto a la puerta). ¡Córcholis! ¿Pero eso que está sonando no es…? Efectivamente, Jero y demás Sunday Drivers estaban supliendo el desplante de Richard Swift. Debe ser que Wilco se quedó con un buen regusto después de que les telonearan la última vez que actuaron en Madrid y les pidieron un favorcillo. La gente todavía se quejaba de que sólo tocasen un cuarto de hora… El caso es que conseguimos un sitio centrado, delante de la barra, con buena visión del escenario, detrás de un grupo de ciervas. Por supuesto, a continuación llegaron el actor secundario Bob y un émulo de Gallardón de metro noventa, con canas en las cejas, camisa y jersey que no se quitaría en todo el concierto.

Pero íbamos a disfrutar de un gran concierto, por mucho que un alineamiento de cabezones nos nublase la vista del escenario. A las nueve y media, con puntualidad espeluznante, saltó la banda al escenario y atacaron You are my face. Siguieron dos horas de música imparable repasando todos sus discos -tan solo se echó en falta un guiño a Mermaid Avenue-, acabando en el segundo bis con un arranque de rock retrospectivo en el que volvían a sus primeras composiciones. Canciones de corte más clásico, con gran energía, pero que a mí me dejaron algo frío, al menos como remate del concierto. Resultaba difícil superar los diez minutos que habíamos tenido de Spiders en el bis anterior. El setlist completo, aunque en clave, en Muzikalia.

El público madrileño, como es habitual, poco metido en el asunto. Únicamente un grito de alegría desbordada, inexplicable, con las primeras notas de Impossible Germany; buen tema, sí, y mejor desarrollado en directo; pero extraño que fuera lo más esperado de la noche cuando habían tocado y tocarían auténticas maravillas pop. En cualquier caso, la banda parecía pasárselo en grande y estar contenta con la respuesta del respetable.

En fin, que me pongo a quejarme de los pequeños detalles y pierdo la visión global: un concierto enorme: dos horas de música con un sonido perfecto (La Riviera nunca había sonado tan bien), una banda bien engrasada y los temas de uno de los mejores grupos de lo que llevamos de siglo.

Porque, por si alguien ha estado viviendo en una cueva sin radio ni Internet, Wilco tiene a sus espaldas más de diez años de carrera, con seis discos de estudio, un directo y dos preciosidades firmadas a medias con Billy Bragg, en las que musican letras del legendario Woody Guthrie. Desde unos inicios entre el folk y el rock el grupo ha ido evolucionando e innovando sin perder de vista las raíces. Empezó a apuntar maneras con Summerteeth, grabado entre los dos volúmenes de Mermaid Avenue, y se confirmó como uno de los grandes con Yankee Hotel Foxtrot, un disco redondo, repleto de deliciosas melodías. La grabación tuvo grandes complicaciones; de hecho, estuvo a punto de no ser editado y la banda lo compró y lo publicó en su web hasta conseguir interesar a una discográfica -curiosamente, una filial de Warner, cuando en origen había sido repudidao por otra filial de la compañía-. El proceso está registrado en el imprescindible documental I am trying to break your heart (elink).

Nihilia y un servidor salimos extasiados del concierto, seguros de haber asistido a uno de los grandes espectáculos de nuestras vidas. Mientras intentábamos asimilarlo con un whiskey en la mano, decidimos que Wilco se merecía un ducado en La Callecita. Larga vida a los duques de Zorratrot.

Noviembre 3, 2007

Conspiraciones

Archivado en: Ministerio de la Discordia, Timoteo — Timoteo @ 12:00 am

El PP nunca ha mantenido la teoría de la conspiración.

Eso es una conspiración de PRISA, el PSOE y medios afines en connivencia con la policía, los servicios secretos de Marruecos y el actor secundario Bob para desprestigiar al PP.

Que dimita Ramoncín ya.

Octubre 29, 2007

Series a seguir

Archivado en: Ministerio del Sofá, Timoteo — Timoteo @ 3:51 pm

A la espera de que arranque la cuarta temporada de Lost para aclararnos definitivamente si los guionistas son unos genios o una panda de flipados incompetentes a los que la criatura se les ha ido de las manos, la parrilla extranjera ofrece unas cuantas series con las que distraernos hasta enero. Haremos aquí un breve repaso de lo que hemos podido ver hasta ahora y qué conviene seguir.

En primer lugar hay que decir que ya ha terminado la segunda temporada de The IT Crowd, una desternillante comedia británica ambientada en el departamento de informática de una empresa. Si aún no has visto los doce capítulos de estas dos temporadas, deja de leer esto y ponte a la tarea: no hay nada mejor que puedas hacer esta tarde.

Entre los estrenos de este año, el único que me ha atrapado -aunque aún tengo pendientes de catar algunas series- ha sido Californication, las aventuras del Agente Mulder reconvertido a escritor de éxito incapaz de escribir una línea; entre palabra y palabra que no escribe se tira a todo lo que se mueva, intenta recuperar a la madre de su hija y aparecer como una figura paterna respetable para la pequeña. La cosa empezó con el listón muy alto, con varios pares de tetas en cada episodio, pero rebajó el tono tras un par de capítulos y ahora sólo hay escenas explícitas muy de vez en cuando, aun cuando la trama parecería exigir más. Sin embargo, Californication tiene más atractivos que mostrar carne: grandes diálogos, personajes bien dibujados, situaciones extremas. Esta noche se emite el último capítulo de la temporada.

Hay dos series que han vuelto por todo lo alto: Dexter y How I met your mother.

El primer capítulo de la segunda temporada de Dexter empezó dejándome dudas sobre si lo tirarían todo al garete intentando humanizar al protagonista, pero los guionistas han salido adelante con dignidad. Para quien no lo sepa, Dexter es un forense psicópata que en sus ratos libres se entretiene matando asesinos. Todo ello ambientado en un asfixiante y sudoroso Miami con una factura impecable. Y una de las mejores intros que se han visto en tiempos.

Por su parte, How I met your mother va por su tercera temporada. La serie recoge el testigo de Friends, pues de nuevo estamos ante cinco amigos que comparten piso y se reúnen siempre en el mismo bar, siempre en la misma mesa. También es una comedia ligera a base de enredos amorosos ambientada en Nueva York, sí. Pero es divertida: veinte minutos semanales de diversión sin compromiso. Cuenta además con el maravilloso personaje de Barney Stinson, un soltero irredento con una asombrosa habilidad para soltar perlas. Y tampoco hay que desdeñar la “innovación formal” de que cada capítulo sea una anécdota que cuenta Ted Mosby a sus hijos en el año 2030, con las posibilidades de saltos temporales que ello ofrece.

En septiembre volvió, cómo no, House M.D. con su cuarta temporada en la que podremos saber si realmente ha despedido a su equipo de toda la vida. La serie parece mantenerse en forma, incluso haber ganado algo de frescura con la introducción de nuevos personajes mientras se mantiene a la estrella de la función. Eso sí, que nadie espere un milagro: sigue ofreciendo lo mismo de siempre, para lo bueno y para lo malo. Yo sigo sin cansarme de las enseñanzas filosóficas que el médico me ofrece cada semana.

Por último, estoy siguiendo Heroes, aunque con desconfianza creciente. La segunda temporada ahonda en los defectos de la primera y pierde capacidad de entretenimiento cada capítulo con una trama por lo general bastante previsible. Esperemos que remonte.

Y tú, ¿qué series ves?

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