La Callecita

Marzo 11, 2008

Un cadaver exquisito

Archivado en: Ministerio del Ensayo y el Error — Timoteo @ 2:08 am

Resulta conmovedor comprobar como comienza el navajeo por Génova después del AUMENTO DE VOTOS-NODERROTA de ayer del Partido Popular. También me empieza a dar pena el barbas, siempre me ha enternecido su porte dieciochesco. No se porque pero siempre me dió la sensación que todas las injurias que salían de su ceceante paladar en realidad no provenían de lo más oscuro de su conciencia, sino de la de Fedeguico y Pi Yei. Siempre pensé que Mariano sería un brillante registrador de la propiedad-amo de casa. Incluso estaría dispuesto a fumarme un puro y echarme un whiskey con él en algún momento de mi vida. No se que coño se le tuvo que pasar por la cabeza al ver tan vacío el balcón portátil de la sede la noche de marras. Deberían de dejarse de arquitectura efímera y hacer un jodido balcon en condiciones que dinero no les faltará. Además con la fachadas tan bonitas que hay por el Barrio de Salamanca, parece que desmejora el púlpito. Probablemente pensaría en como el circo mediático de la derecha le ha hecho la cama. Y es que aquella veneración irracional del líder olía desde el principio un poco a Mierda y si no vean y comparen.

El Mundo

“¿Es [Rajoy] el líder que necesita el PP para derrotar a Zapatero en 2012? Él mismo alimentó anoche las dudas al eludir confirmar que va a continuar al frente del partido y sugerir más bien lo contrario. El escaso entusiasmo que mostró al dirigirse a sus seguidores -honrado y cabal como siempre- alienta las especulaciones”. El resultado es injusto pero el PP debe renovarse.

Valentí Puig en Abc

“Algo tiene que inventar el PP, salvo si quiere irse desintegrando en las bancadas de la oposición. Sería un atajo improcedente intentar lo mismo que el PSOE: buscar su propio Zapatero y recomenzar como si no hubiese ocurrido nada”. “Otros pocos estarán pensando si dejar de dar la batalla en el centro no fue un error estratégico de un PP que a veces daba más la impresión -justa o desproporcionada- de un conglomerado de pasiones e intereses personales que una organización política para el siglo XXI“.

La Razón

“El PP de Rajoy está obligado a un riguroso examen, pero sin caer en catastrofismos ni actitudes disolventes. El legado que los dirigentes populares deben administrar es importantísimo; por responsabilidad y respeto a sus votantes, deberán someterse a un proceso de renovación que les permita afrontar la Legislatura con eficacia y garantía de éxito”.

Libertad Digital

“Un triunfo parcial para Mariano Rajoy que apenas dulcifica su nueva derrota ante un PSOE, que tras estas elecciones se consolida como una de las máquinas políticas más eficaces de Occidente. Razones para reflexionar”.

Febrero 27, 2008

Relato amarianado

Archivado en: Ministerio del Ensayo y el Error, Timoteo — Timoteo @ 11:32 pm

Tras muchos años de relación se casaron porque les costaba imaginar la vida de otra manera, con despertares en los que el otro no estuviera, ellos que nunca habían estado muy predispuestos a firmar contratos, pero sobre todo porque esperaban un hijo y creían que así estaría más protegido y sí, también un poco por el qué dirán, todavía, la presión de la familia. Cuando nació Carlos habían decidido que ella dejaría su trabajo, al menos hasta que el niño tuviera edad para dejarle en una guardería, consideraban necesaria la presencia de los padres, o la madre, en los primeros meses, la lactancia materna mientras se pudiera. Él ganaba suficiente para vivir los tres y en cambio ella no había acabado de encontrarse a gusto nunca en ese gris trabajo de contabilidad, tan mecánico, tan desazonador.

Ahora ella se levanta tarde -todo lo que le permite el niño después de las molestas noches de duermevela en las que siempre se levanta ella, él dice que está cansado y se pone a roncar con una rapidez obscena-, cuando él lleva ya algunas horas en la oficina. Cuidar a un bebé es una tarea absorbente y fatigosa, pero al cabo de un par de semanas se empieza a acostumbrar, a entender y casi anticipar las necesidades de Carlitos, fíjate, se dice, tan pequeñito y frágil y dependiente y es ya una persona, mi hijo, salió de mí, qué cosa tan rara y hermosa y rara, y tiene nombre, Carlos, Carlitos, itos… Tiene mucho tiempo para reflexionar y también recupera la costumbre de leer, todos esos libros pendientes acumulados, y escuchar música, discos que ni recordaba que tenía y le emociona descubrir de nuevo cómo le conmueven y discos nuevos a un ritmo cercano al de su época de estudiante. Algunas mañanas sale a pasear con el cochecito por el parque, donde se encuentra con otras mujeres paseando niños, algo simples, de conversación superficial pero siempre alegre, es difícil no acabar sintiendo simpatía por ellas, tampoco ve a mucha más gente ahora, ya no salen los dos con los amigos. La comida y la cocina han vuelto a ser un placer al que dedicar horas, sin las prisas del mediodía entre el turno de mañana y el de tarde, y prepara con mimo la cena para los dos, innovando con recetas que ve en la tele, antes de los informativos, hacía mucho que no estaba tan al tanto de las últimas noticias y se ha vuelto una experta en política estadounidense. Incluso lleva días dándole vueltas a un relato, con lo que le gustaba a ella escribir hacía unos años, sólo un bosquejo y sin embargo vuelve a la misma idea un día tras otro, cada vez con una forma más clara; no es más que una fantasía que va tomando forma entre pañales, tetas, llantos, baños, compras y siempre esa tensión, esa preocupación; pero siente que un día puede agarrar la pluma como en aquellos tiempos y atacar una página en blanco. Se acuesta pronto, cansada y con un oído alerta, seguro que el niño no tardará en ponerse a llorar, y sin embargo satisfecha de dedicar los días por fin a cosas útiles, que le llenan, y sobre todo ese amor desmedido hacia el fruto de su vientre, la felicidad que va a desbordarla al verle sonreír.

Él, después de mal dormir durante la noche con los llantos del niño, los paseos de ella calmándole, una teta, otro pañal -y encima cuando por fin coge el sueño ella le da codazos porque dice que ronca-, se despierta a las siete, como siempre, para ir a trabajar. Tiene un trabajo que le gusta, con cierto equilibrio entre la técnica y la creatividad, y un jefe tan estúpido como tantos otros al que hasta ahora había mantenido a raya: era joven y podía permitirse comportarse como creyera conveniente aunque le costara el puesto, ya encontraría otro, alguna empresa que verdaderamente apreciara sus cualidades. No obstante, desde que regresó de su permiso de paternidad tiene otras dos personas a su cargo, que dependen de lo que él gane cada mes -algo tienen guardado, pero hay que pagar la hipoteca todos los meses, y los gastos del niño son mayores de lo que habían pensado y eso que aún ni va a al colegio, espérate unos añitos, a ver si le suben el sueldo porque así no hay manera de ahorrar, a saber qué pasa con las vacaciones este año, ya verás, otra vez con sus suegros-, se dio cuenta de esto cuando al terminar su jornada cogió la chaqueta como había hecho hasta entonces, había cumplido su horario, qué importaba que los demás siguieran en sus cubículos, y su jefe le miró con reproche meneando la cabeza, también como siempre, con efecto por primera vez. Cada día se queda un poco más, permanece en su sitio navegando por Internet hasta que empiezan a marcharse sus compañeros, dentro de poco será el último, espera que el jefe se dé cuenta y lo valore en el próximo ascenso, ya que parece incapaz de distinguir el trabajo bien hecho y no digamos el tenerlo a tiempo. Por no mencionar las horas extra. Llega a casa cansado, con ganas de ver a su mujer y a su hijo, pero con poco cuerpo para fiestas, cena y poco después se mete en la cama, donde se suele quedar dormido mientras intenta pasar del segundo capítulo de la última novela de Pérez-Reverte.

Pasan poco tiempo juntos, poco más de tres horas al día y los fines de semana, y cada vez disfrutan menos de la compañía mutua, gastan el tiempo haciéndose reproches, aun las cuestiones más insignificantes, todo parece convertirse en una batalla. No recuerdan cuándo fue la última vez que salieron al cine, a cenar, a tomarse unas copas mejor ni pensarlo, sus amigos sólo pasan de cuando en cuando a ver cómo le va a la parejita y hacerle monerías al pequeñajo y se van con los precipitados planes noctámbulos de toda la vida. Ella deja de esforzarse en preparar la cena, cualquier cosa vale, él se lo come igual, no quiere protestar también por eso, hasta que un viernes se va a tomar unas cañas a la salida del trabajo con sus compañeros y vuelve a casa a las tantas, algo bebido, y se encuentra la cena fría, servida sobre un plato, sin una nota siquiera, como una admonición; hace unos meses eso no habría pasado, piensa, ella me habría esperado despierta, eso lo entiendo que no lo haga, pero una nota, habría dejado una nota con una frase cariñosa y un guiño. ¿Cuándo fue la última vez que la vi reír?

Una noche ella le dice que no reconoce en él al hombre del que se enamoró, que se ha vuelto un cascarrabias, un tipo gris sin ninguna alegría, ya no le hace reír, y además se está quedando calvo: quiere el divorcio. Él lo entiende, también echa de menos a aquel joven lleno de energías y proyectos y confianza, bromista, despectivo con los que vivían para trabajar, y ya no tiene fuerzas para luchar, así que se va de casa, no puede soportar seguir cerca de su mujer mientras ella se le aleja.

El acuerdo le quita más, mucho más de la mitad de su sueldo y le impone un régimen de visitas que haría llorar a un preso, tan fuera lo quiere ella de su vida y tan poco quiere él pelear. Con lo poco que gana y la poca dignidad que le queda busca un lugar donde dormir y alguien que le devuelva las ganas de vivir.

Noviembre 15, 2007

…y sin haberme fumado nada.

No sé qué como mientras duermo que me deja un regusto pésimo. Menos mal que entre los placeres de la cama se encuentra, también, el del picoteo furtivo. De madrugada, con toda la vigilancia inconsciente, no es difícil deslizarse en la oscuridad y dar buena cuenta de algún suculento manjar que todos rechazaron rematar, ya fuese por conservar la línea o por mantener la compostura.

Una verdadera lástima que aquella noche la nevera estuviese en cuadro. Las perspectivas eran poco sugerentes, a no ser que me poseyera el espíritu del Bulli y consiguiese mezclar, de forma relativamente indolora al paladar, algo de mostaza de la última Nochevieja (ahora la llamamos “Napalm”), dos sobres de ketchup y una lata de anchoas. Tuve que conformarme con poner fin a un mísero cartón de leche. P´al coleto, maldito. Ya me estaba deshaciendo del cadáver cuando una voz tronó:

-¡Exijo se me aplique el Tercer Convenio de Ginebra, la mediación de una Potencia protectora y solicito una revisión de mi estado a la luz de la Declaración Universal de los Derechos Humanos!

Acerté a responder:

-¡Frschtz! –con la nariz. De nuevo:

-¡Exijo se me aplique el Tercer Convenio de Ginebra, la mediación de una…!

Cerré de un portazo el armario de la basura. Me restregué los ojos para quitarme el aturdimiento y me abalancé sobre envase que tenía más a mano. Lo leí, aparté la mirada un momento y volví a leerlo. Ponía exactamente lo mismo. Mierda, estoy despierto. Abrí con cautela y eché un vistazo:

-¡Groar! ¡Groar! ¡Groar! –cerré rápidamente.

Pues sí, ahora no cabe duda… Efectivamente: la basura ha cobrado consciencia de sí misma y exige que se le aplique el derecho internacional… Definitivamente, tengo una vida rara. ¡Bienvenida paranoia!

-¡En esta casa no se negocia con basura!

-¡Groar!¡Groar!¡Groar!

Ni caso. La basura comenzó a embestir una y otra vez las puertas del armario. ¿Cómo me meto en estas situaciones?

-¡Vale, vale! ¡Voy a abrir! ¡Sepárate de la puerta medio palmo! Y… y… ¡Y mantén las pieles de plátano a la vista!

-Grrrrrrrr…

Abrí lentamente la portezuela:

-¡Exijo se me aplique el Convenio Tercero de Ginebra y la mediación de…!

-Que sí, que sí, que ya te he escuchado y, francamente, no he entendido ni papa, pero…

-¡Exijo que se me…!

-¡¿Pero te quieres callar…?! A ver si te lo explico: eres la jodida basura. Debo ser yo que estoy como unas maracas, así que no pienso hacer nada por ti. Simplemente, mañana, antes de ir a mi psiquiatra para que me drogue durante un mes, te sacaré de casa y te reunirás con el resto de tus congéneres.

-¡Jamás! ¡No claudicaré! ¡Como nosotras decimos: “La mierda siempre flota”!

-¡¿Pero qué…?! ¡A ver, eres basura, aunque quisiese no te puedo aplicar los derechos HUMANOS!

-Pero yo… -me miró implorante desde abajo, con sus dos enormes ojos de envase de yogur a punto de romper en llanto… yo tengo sentimientos.

-¡¿Qué…?! ¡¡No!! ¡¡No tienes!! ¡No puedes! ¡Eres la basura!

-Pues no decías lo mismo cuando leías a Asimov…

Coño. Ahí me ha pillado.

-Bueno, está bien. Qué es lo que pides.

-Tan sólo un par de legítimas peticiones, mi estimado interlocutor, no sin antes felicitarle por tan acertada decisión. Dignifiquémonos usted y yo tomando en consideración, en primer lugar, todas las enmiendas y protocolos adicionales que se han ido sumado durante las sucesivas revisiones de un texto que, como usted sabrá provienen del intento de normalizar el Derecho Internacional Humanitario ya desde 1864, y en especial el relativo al trato de los prisioneros de guerra aprobado en 1929…

Y por eso, chicas, no he bajado la basura.

Agosto 7, 2007

El caballero y la buena mesa

Archivado en: Ministerio del Ensayo y el Error, Nihilia — Timoteo @ 3:52 am

Se sentó a la mesa vacía dirigiendo una fugaz mirada de hastío por todo el restaurante. Desde que había vuelto odiaba las esperas, no toleraba bien la inminencia de las situaciones, así que decidió que iría eligiendo el vino y que, probablemente, tomaría un par de copas antes de que llegase el resto, en parte para que la botella semivacía actuase como reproche y en parte para tranquilizarse. En cuanto hizo un ademán para dirigirse al camarero un par de manos taparon sus ojos y exhaló un pequeño golpe de aire que pretendía convertirse en una llamada.

- ¿Quién soy? – exclamó una voz femenina con exultante alegría.

Se dio la vuelta sintiéndose un tanto avasallado, sabiendo de sobra quién era, y comprobó que habían llegado todos juntos. Por un momento se vio enfrentado a sus viejos amigos y no supo cómo romper la distancia que los separaba, hasta que la impulsiva Sandy decidió romper el hielo por las bravas y lo abrazó sin darle tiempo siquiera a levantarse de la silla. Recomponiendo su traje del abrazo de osa de Sandy fue saludando a sus viejos amigos y los invitó a sentarse. Antes de tomar mesa decidió que dirigiría la conversación hacia sus vidas como gesto de buena fe, por los viejos tiempos. Sus propias historias merecían hacerse esperar un rato aún.

La cena se fue desarrollando plácidamente. Sam y Martha habían tenido un hijo después de que Sam encontrase trabajo, finalmente, como mozo de carga en un polígono industrial. Pasaron los entrantes. Sandy pensaba que había encontrado al cuarto o quinto hombre de su vida. Primer plato. Paul se había mudado a un pisito de soltero a la ciudad, con su novio. Segundo plato. Logan había decidido tenía el talento suficiente para ganarse la vida como artista. Postres.

- Bueno, Timothy, cuéntanos. ¿Cómo es Irak? ¿Es tan duro como cuentan?

- Pues la verdad es que sí, en realidad sí –se reclinó en la silla, se tomó algo de tiempo para hacer una pequeña pausa dramática-. No es un entorno para cualquiera, desde luego. Hay que estar hecho de una pasta especial para desenvolverte allí, hay que ser un tipo muy duro. Irak te cambia, te modela a su antojo.

- ¿Pero por qué dices eso? –dijo Sandy con su inestimable optimismo, para ella siempre había marcha atrás.

- En éste pueblo todo es demasiado tranquilo, todo es lento y previsible. Allí dependes de tu estado de alerta, de tu sagacidad, tus compañeros dependen de lo engrasado que estés, no hay lugar para el error, para el despiste, debes estar permanentemente concentrado –tomó su copa de vino y bebió lentamente para comprobar el efecto de sus palabras, confirmando que toda la atención recaía sobre él, y continuó:

- Imaginaos en medio de una manifestación, rodeados por cientos de iraquíes en una pequeña calle de Bagdag. Rodeados de gente cabreada y armada. Muchos de ellos policías tan acojonados que dispararán a cualquiera que haga algo raro con las manos, provocando aún más caos. Todo el mundo gritando y disparando hacia el cielo. De repente escuchas unos gritos que no siguen al resto. Tienes tres segundos para tirarte al suelo, antes de que acabe la oración. Después, una explosión y ahí estás, tirado en el suelo hasta arriba de polvo y con trozos de iraquí por todo el cuerpo. Te levantas como puedes. Compruebas cuántos de tus compañeros siguen vivos y cuántos de ellos te van a servir para algo. La gente se arrastra hacia ti y te suplica que la ayudes. Otros piden que los remates. Y tú, mientras tanto, pensando en quién será el siguiente en explotar, cuando la gente crea que ha pasado el peligro y se acerque para ayudar. Con el fusil en alto… – se dio cuenta de que no podía continuar. Ninguno de sus amigos comía ya.

- Bueno, perdonadme. La verdad es que me alegro de estar de vuelta…

- No te preocupes, has pasado por algo terrible pero ya estás aquí – se apresuró a decir Paul tendiéndole la mano-. Además, seguro que podemos encontrarte a alguien para que se te olviden los malos tragos.

- Mierda, Paul. Ya sabes que no me gusta hablar de sexo en la mesa.

Blog de WordPress.com.