Qué: Wilco
Cómo: en concierto
Dónde: La Riviera, Madrid
Cuándo: Viernes 9 de noviembre de 2007, al caer la noche
Porqué: porque es de lo mejor que se puede ver en directo
Así que Nihilia y un servidor nos presentamos poco después de las ocho en el Paseo de la Virgen del Puerto dispuestos al orgasmo múltiple, hicimos una (equivocada) estimación de cola y decidimos ir por un par de litronas para engrasar la espera. Por desgracia, la gente entraba a un ritmo inexplicablemente alto, algo nunca visto en un concierto en este país, y hubo que dejar buena parte del avituallamiento fuera. Maldita eficiencia.
Una vez en el interior, tras dejar el abrigo en el ropero como la ocasión se merecía, corrimos a tomar posiciones por el atajo del baño (y el inquietante puesto de chucherías que hay junto a la puerta). ¡Córcholis! ¿Pero eso que está sonando no es…? Efectivamente, Jero y demás Sunday Drivers estaban supliendo el desplante de Richard Swift. Debe ser que Wilco se quedó con un buen regusto después de que les telonearan la última vez que actuaron en Madrid y les pidieron un favorcillo. La gente todavía se quejaba de que sólo tocasen un cuarto de hora… El caso es que conseguimos un sitio centrado, delante de la barra, con buena visión del escenario, detrás de un grupo de ciervas. Por supuesto, a continuación llegaron el actor secundario Bob y un émulo de Gallardón de metro noventa, con canas en las cejas, camisa y jersey que no se quitaría en todo el concierto.
Pero íbamos a disfrutar de un gran concierto, por mucho que un alineamiento de cabezones nos nublase la vista del escenario. A las nueve y media, con puntualidad espeluznante, saltó la banda al escenario y atacaron You are my face. Siguieron dos horas de música imparable repasando todos sus discos -tan solo se echó en falta un guiño a Mermaid Avenue-, acabando en el segundo bis con un arranque de rock retrospectivo en el que volvían a sus primeras composiciones. Canciones de corte más clásico, con gran energía, pero que a mí me dejaron algo frío, al menos como remate del concierto. Resultaba difícil superar los diez minutos que habíamos tenido de Spiders en el bis anterior. El setlist completo, aunque en clave, en Muzikalia.
El público madrileño, como es habitual, poco metido en el asunto. Únicamente un grito de alegría desbordada, inexplicable, con las primeras notas de Impossible Germany; buen tema, sí, y mejor desarrollado en directo; pero extraño que fuera lo más esperado de la noche cuando habían tocado y tocarían auténticas maravillas pop. En cualquier caso, la banda parecía pasárselo en grande y estar contenta con la respuesta del respetable.
En fin, que me pongo a quejarme de los pequeños detalles y pierdo la visión global: un concierto enorme: dos horas de música con un sonido perfecto (La Riviera nunca había sonado tan bien), una banda bien engrasada y los temas de uno de los mejores grupos de lo que llevamos de siglo.
Porque, por si alguien ha estado viviendo en una cueva sin radio ni Internet, Wilco tiene a sus espaldas más de diez años de carrera, con seis discos de estudio, un directo y dos preciosidades firmadas a medias con Billy Bragg, en las que musican letras del legendario Woody Guthrie. Desde unos inicios entre el folk y el rock el grupo ha ido evolucionando e innovando sin perder de vista las raíces. Empezó a apuntar maneras con Summerteeth, grabado entre los dos volúmenes de Mermaid Avenue, y se confirmó como uno de los grandes con Yankee Hotel Foxtrot, un disco redondo, repleto de deliciosas melodías. La grabación tuvo grandes complicaciones; de hecho, estuvo a punto de no ser editado y la banda lo compró y lo publicó en su web hasta conseguir interesar a una discográfica -curiosamente, una filial de Warner, cuando en origen había sido repudidao por otra filial de la compañía-. El proceso está registrado en el imprescindible documental I am trying to break your heart (elink).
Nihilia y un servidor salimos extasiados del concierto, seguros de haber asistido a uno de los grandes espectáculos de nuestras vidas. Mientras intentábamos asimilarlo con un whiskey en la mano, decidimos que Wilco se merecía un ducado en La Callecita. Larga vida a los duques de Zorratrot.